Siempre que viajamos disfrutamos de las excursiones, visitas a lugares de interés o alguna que otra aventura. La de hoy no se disfruta, se padece dolor y sufrimiento a cada paso que pisas. Aún así creo que esta visita es indispensable una vez en la vida. Pararte a pensar el porqué la raza humana (y no ha pasado ni un siglo) puede hacer tal locura.

Despertamos temprano en nuestro hostel céntrico de Cracovia. Un fuerte desayuno y nos pusimos en marcha camino del Bus, evidentemente contratamos una excursión ya que un guía es indispensable. Lo hicimos por medio de civitatis y fue todo muy bien. Si os animáis también a hacerla con ellos os dejo su enlace.

Salimos a las 8:30 de la mañana desde el centro de Cracovia, contamos con un chófer muy simpático, que no hablaba ni papa de español, pero que se hacía entender muy bien. Nos comentó que la guía nos esperaba en destino y que aunque no hablara español nos ayudaría. Todo esto chapurreando en inglés y con gestos, pero ante todo fue muy amable.

Torre de vigilancia

Nos encontramos a una hora escasa de distancia. Si aún encima podéis echaros una mini siesta como hice yo, pues aún se hace más corto. Una vez llegados a Oświęcim me pondré a relatar lo que fue uno de los más desagradables capítulos de la historia. Ciudad que en 1939 al estallar la II Guerra Mundial fue ocupada por la Wehrmacht y anexada al Reich alemán.

Cuenta con tres campos, el Auschwitz I, Auschwitz II o Birkanau y el III de Monowitz. En principio se construyó como un campo de concentración con tres objetivos. Para encarcelar a los presos políticos, suministrar mano de obra forzada para las SS, y acabar con pequeños grupos de población para la seguridad de la Alemania nazi. Todo esto lo hicieron en unas barracas abandonadas por el ejercito polaco, en los suburbios de la ciudad. Se calcula que la policia y las SS deportaron a al menos 1,3 millones de personas, de las cuales asesinaron a 1,1 millones. Sencillamente son datos aterradores.

La gran alambrada

Los campos que se pueden visitar son los dos primeros, separados ambos por 3 kilómetros. La visita es gratuita, pero es mejor la ayuda de un guía, ya que te ayuda mucho con explicaciones de cada lugar. Cuando fuimos nosotros, en horario de mañana por libre no dejaban entrar. Sólo lo hacían grupos guiados, así que tenlo en cuenta si planificas tú visita. Planifícalo tanto si vas por libre como si deseas contratar guía allí, ya que es mejor ir con reserva.

Auschwitz I

El primero de los campos que visitamos fue Auschwitz I, allí cuentan con las mayores exposiciones. Una vez allí dentro se podía leer el cartel “Arbeit macht frei” que en castellano significa, “El trabajo libera”. Es lo primero que veían los prisioneros al llegar a este terrible lugar. Mientras ibas recorriendo los edificios y sus habitaciones, la guía nos relataba toda la barbarie. A medida que caminabas se iba encogiendo el corazón y poniendo los pelos de punta.

Aparatos ortopédicos

Miles de fotos de los presos con una delgadez extrema, objetos que pertenecieron a ellos, como gafas, aparatos ortopédicos, zapatos o maletas. Como podéis ver en las fotos no eran unos pocos objetos, sino cientos y miles. Si algunas exposiciones se nos hicieron más duras, fue en la que se encontraban los zapatos de niños. La otra con los cabellos de los presos que lo transportaban como material para realizar productos textiles.

Viendo cada zapato de tallas minúsculas podías imaginar el horror que sufrieron esas criaturas también, sintiendo rabia e impotencia. Un nudo corría en el estómago y no llegas a entender como la raza humana pudo cometer tal barbaridad. No sólo eso, ya que ver que a día de hoy todavía queda gente que defiende esa atrocidad. Igual me he pasado llamándoles gente, ya que son seres sin corazón.

Miles de zapatos

La sala donde están los cabellos también nos impactó mucho, al contarnos que arrancaban todos los cabellos de los presos. Una vez cortados los empaquetaban y los vendían para realizar material textil empleado en vehículos. En esta sala por respeto a los difuntos no dejaban tomar fotos. No hubiera podido, como no pude tampoco hacerlas en la sala que os he comentado con los zapatos de niños y en otros lugares.

Mientras seguías caminando con los ojos vidriosos y la piel erizada seguías observando zonas como el paredón de fusilamiento, las cámaras de gas o los laboratorios donde los médicos realizaban sus experimentos con los propios presos.

Más lugares como la gran plaza donde los nazis pasaban lista o las enormes vallas que rodean el campo. Muy segura entonces, de la que sólo fueron capaces dos presos de escapar de ellas.

Aún no eras capaz de creerte que todo eso pasó allí. Creo que con estos datos es suficiente como definición del campo I, hay más zonas aterradoras como ver sus minúsculas habitaciones, los baños, etc. Aún me sigue costando escribir estas líneas recordando la visita.

Paredón de fusilamiento

Auschwitz Birkanau

Una vez terminada la ruta nos dirigimos a Birkanau, al estar a 3 kilómetros de distancia tuvimos que tomar el bus. Apenas queda nada, pero la mayor parte de asesinatos fueron aquí. Quizás al estar más vacío no impactó como la primera visita, pero la historia era todavía más cruel. 

En un paraje inmenso, donde se encontraban hornos crematorios, cámaras de gas que podían fulminar a más de 2500 personas por turno. Todo ello comunicado con unas vías de tren, con la que transportaban hasta aquí los presos o su carga mortal más tarde. 

Entrada a Birkanau

Es imprescindible contar aquí con un guía ya que está la mayoría destrozado. Lo poco queda en pie y lo que allí hubo nos lo explicó perfectamente. Entre otras cosas las fotos que estaban expuestas, donde se ve a grupos inmensos de gente que iban directos hacia la cámara de gas. En ella no se les veía con miedo o asustados, eran engañados comentándoles que iban a ser trasladados a un lugar mejor.

Hay zonas que están derruidas, son los hechos de que los nazis intentaron destruir las pruebas de esta atrocidad antes de perder la guerra. Se encuentra tal y como lo dejaron, por lo que parece que el tiempo no ha pasado. No impresionó tanto a la vista como el anterior campo, pero sí visionando en nuestra cabeza los horrores que estos campos soportaron.

También nos relataron las marchas de la muerte. Con el ejército soviético pisando los talones, los nazis abandonaron este campo con más de 50 mil prisioneros. Extenuados con largas jornadas de camino se llega a calcular que murieron más de 9000. Los que no podían caminar más por el cansancio eran fusilados y enterrados en el camino. En Auschwitz apenas quedaron 7000 personas que fueron liberadas por las tropas aliadas.

Una vez terminada la visita nos volvimos para el autobús para regresar a Cracovia, con pocas ganas de hablar y todavía con el nudo en el estómago presente.

Esta fue nuestra visita, triste pero necesaria. Fue la excursión más amarga que he hecho y creo que haré en mi vida, pero fundamental para abrir más la mente. Tenemos que estudiarlo, para ser conscientes de que estos hechos no pueden repetirse jamás.

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