Si algo nos ha enseñado esta pandemia es a valorar más nuestro cercano patrimonio. Las ganas de salir en este año de virus y restricciones, nos hace darnos cuenta que tenemos cerca muchos lugares atractivos a los que ir. En estos casos de turismo próximo aparecen diferentes grupos. Está el primer grupo que dice: “Bueno, lo tengo aquí al lado ya iré un día de estos” (y pasa el tiempo y no vas). El segundo grupo, los que no saben valorar lo que tienen cerca, de eso en Aragón tenemos a muchos. Luego está el tercero, que se conocen cada rincón de su tierra al dedillo. Yo soy del primer grupo lo reconozco, he visto muchas cosas de Aragón pero me faltan otras muchas también, con la idea de: “lo tengo cerquita, ya iré”.

El domingo que teníamos planeado sería muy provechoso donde visitaríamos el museo de las momias de Quinto, el pueblo viejo de Belchite y el Monasterio de Rueda, situado entre las poblaciones de Sástago y Escatrón.

En mi defensa de por qué no he ido antes, diré que, relativamente hace poco tiempo que tenemos abierto al público estos centros de interés, de los que todos cuentan con una visita guiada. Sí que estuve en el pueblo viejo de Belchite hace muchos años, cuando ni siquiera había vallas que prohibían su acceso, pero casi ni lo recordaba.

El orden de la excursión se puede hacer indistintamente de una forma u otra, solo tuvimos una razón de hacerla así y eran los horarios que quedaban libres en cada lugar, ya que están bastante demandados debido a las restricciones que hay ahora. Por lo que comenzamos a las 10 de la mañana visitando el museo de las momias en el conocido Piquete de la localidad de Quinto.

Museo de las Momias – Localidad, Quinto

El edifico de hoy donde está asentado el museo fue una iglesia arrasada en la guerra civil, aún podemos ver los agujeros que provocaron las municiones en las paredes. La Iglesia de la Asunción, aunque también conocida por la población de Quinto como “el piquete”, ya que reposa sobre el pico de una colina. Quedando en desuso hasta que en 1983 el edificio literalmente comenzó a tambalearse. Empezaron unas obras de rehabilitación del edificio, ya quedó atrás su pasado eclisiástico.

Motivo de las obras aparece lo sorprendente, no fue el encontrar restos de huesos o pasados romanos como en muchos lugares de la provincia. La sorpresa tras 34 años de rehabilitación del lugar fue en el año 2011, donde aparecieron 70 cuerpos, 30 de ellos momificados en un perfecto estado. Nos explicaron que se encontraban en ese gran estado de conservación debido a la temperatura que los suelos de la iglesia albergaban. Desde su descubrimiento pasaron años de investigación de los cuerpos, para mas tarde convertir la antigua iglesia en un museo donde se expondrían 15 de las momias encontradas.

Así que en noviembre de 2017 se convirtió en el primer museo de momias de España. A día de hoy es imprescindible reservar su entrada, os dejo el enlace de su página web. El precio es de 7 euros los adultos y de 5 los menores de 14 años.La visita guiada consta de algo más de 1 hora y cuarto.

Un vídeo nos da la bienvenida contándonos la historia de esta antigua iglesia hasta el día de hoy. Mas tarde empezaríamos la visita. Los cuerpos que había expuestos eran de gente noble, ya que ellos históricamente eran enterrados en los bajos de las iglesias. La guía muy amable nos conduce al primer cuerpo expuesto, dada su investigación se conoce la edad y parte de su pasado.

Después nos conduce hasta la capilla de Santa Ana donde están expuestos otros 12 cuerpos y restos arqueológicos. Nos explican cada detalle de cada persona que teníamos en la sala, hay cristaleras realmente duras donde se encuentran bebés de meses, uno de ellos conservando todavía sus globos oculares de color azulado.

Museo momias

Realmente se hizo corta la visita, entre las explicaciones, observar los cuerpos y retroceder la vista a tiempos pasados observando sus avatares. Un breve recorrido más para acabar y ya nos dirigimos al coche para nuestra siguiente parada, el pueblo viejo de Belchite. Tomamos una carretera comarcal que une Quinto con la población belchitana. En unos 25 minutos con tan sólo el pueblo de Codo en mitad de camino llegaríamos al destino.

Pueblo viejo de Belchite, el pueblo fantasma.

Este lugar quizá necesita menos presentación, conocido en todo el estado debido al programa de televisión de Iker Jimenez, Cuarto milenio. No sólo Iker ha pisado estos suelos, Monica Naranjo o Arnold Schwarzenegger también son otras caras conocidas. Ha sido también escenario de películas como El Laberinto del Fauno.

La visita puede hacerse de día o de noche, nada que ver una con la otra y por eso pueden hacerse conjuntas. Ahora en pandemia no organizan la de noche, pero cuando todo esto vuelva a la normalidad seguro que volveremos para hacer esta visita bajo las estrellas. Os dejo la información de su web donde podréis reservar vuestra excursión, estar al loro que sobretodo las nocturnas vuelan. El precio son 8 euros la diurna, 12 la nocturna y 14 la combinada.

Una vez cruzada la puerta sientes muchas sensaciones, los horrores de una guerra y el sufrimiento de toda una población. Batallas en este pueblo donde se arrojaron más de 5.000 muertos de ambos bandos y el destrozo del lugar. Debido a la construcción del nuevo pueblo por orden del General Franco, dejó este con sus ruinas y sus heridas para que la gente viera los daños que producía la guerra. Aquí se encontraba también la conocida “Pequeña Rusia” campos de concentración con los presos de izquierdas, que trabajaban en la construcción del nuevo pueblo.

No se acabó con el pueblo el día que acabó la guerra, ya que estuvo habitado hasta 1964. Este lugar poco a poco se fue abandonando, debido a la destrucción de la guerra y el expolio que iba sufriendo con los años, dejó las imágenes que vemos hoy.

Pasear por sus plazas, ver sus iglesias e imaginar lo que un día fue este lugar, una zona de vida que fue devastada por una maldita guerra entre hermanos. Nos relataban historias (aunque ya escuchadas por nuestros abuelos) de que no podías ser imparcial, directamente te llevaban unos u otros. Eso llegaba a provocar que hubiera hermanos en un bando y en el otro, llegando a disparar y asesinar a gente de tu propia sangre.

Fuimos recorriendo todos sus lugares emblemáticos, la Torre del Reloj con su plaza que era el centro de reunión de los vecinos. Después veríamos la iglesia de San Martín, donde verla por dentro impresiona. En la puerta reza una frase que te rompe el alma, “Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales. Ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres”, poco se puede añadir más a estas tristes palabras.

De aquí nos moveríamos hacía la antigua calle sagasta para tomar camino hacia la iglesia y el convento de San Agustín. Aquí las ruinas hacen más mella, ya que no se puede acceder al interior debido a posibles desprendimientos, el convento ha desaparecido. Una obra del siglo XVI que perteneció a los agustinos ermitaños, a pesar de la guerra sirvió como lugar de culto hasta 1964, cuando el pueblo fue definitivamente abandonado. En el exterior todavía observamos un proyectil que no explotó, incrustado en una de sus grietas.

Hasta aquí fue nuestra visita, recordando de nuevo hechos que esperamos no vuelvan a repetirse. Añadir que tuvimos una guía natural de Belchite por lo que, que mejor que ella para contarnos de primera mano lo que vivieron sus abuelos. Lo que más nos sorprendió de sus relatos fue que tanto su abuela como más vecinos del pueblo jamás volvieron a pisar sus calles. No querían recordar esos tristes recuerdos del pasado.

Tenemos más lugares en Aragón con pasados de la Guerra Civil, en nuestra visita por los monegros os contamos algunos más. Dejando el pueblo viejo, ahora una pequeña visita por el pueblo nuevo. Allí comeríamos e iríamos mas tarde dirección Escatrón, donde próximo a este pueblo encontramos el Monasterio de Rueda.

Monasterio de Rueda. Carretera de Sástago a Escatrón

Entre las villas de Sástago y Escatrón encontramos este precioso monasterio. Una pequeña vuelta de nuevo al pasado, en 1182 el monarca Alfonso II otorga la villa y el castillo de Escatrón al Císter, de forma que los monjes comienzan la construcción del monasterio. Sus obras empezaron en 1202 alargándose hasta el siglo XIV. En el no encontramos grandes lujos, debido al voto de pobreza con el que contaban, pero sí obras de auténtica belleza como su torre Mudéjar o el claustro gótico. El nombre de Rueda viene de la enorme rueda hidráulica con la que cuenta, con la que eleva el agua del Ebro al monasterio.

La visita sólo se puede hacer guiada, al precio de 5 euros y de 2,5 para menores de 14 años. Mejor que llevéis la reserva hecha como nosotros, por si acaso hay mucha gente y no podéis entrar. Tuvimos la suerte de contar como guía a Teresa, que nos recreó las vivencias de los monjes e hizo muy amena la visita. Con decir que había 3 niños y ninguno se aburrió, además participaban de la visita con preguntas, eso dice mucho de cómo nos lo expuso.

Lo primero que visitamos fue el claustro, donde se veía el patio con su jardín y la bonita torre. La primera impresión es como un amor a primera vista, donde quedas alucinado. Ahí nos habló de la historia de la construcción y más tarde pasaríamos a ver las salas donde realizaban los monjes el día a día.

La primera de las salas que visitamos fue la iglesia. Aquí observamos toda la austeridad que tiene el monasterio, sin grandes lujos, llamando la atención sus grandes arcos y la altura de las 3 capillas, siendo la del centro la mas alta. Una acústica se palpaba increíble, por lo que el espectáculo de canto que los monjes harían en sus rezos serían dignos de escuchar en vivo. En el muro encontramos la sacristía, donde alberga unas escaleras que conducen al dormitorio. Hay 2, unas las usaban en el día y las otras en la noche (cosas de monjes). 

En el dormitorio apenas queda nada, nos imaginamos cómo irían distribuidas las camas. Aquí nos relatan dos anécdotas, la primera es que un monje veterano dormía siempre al lado de uno joven. Lo más seguro que para llevarlo por el buen camino y así no formar distintos grupos entre jóvenes y mayores. 

La otra anécdota quizá más curiosa, según el relato de San Benito los monjes debían de tener un buen descanso. Así que si alguno de los monjes no dejaba descansar al resto porque roncaba era llevado al roncadero, una habitación especial para aquellos monjes, no me quiero ni imaginar lo que sería dormir en ella.

Volviendo al claustro visitaríamos más lugares como la sala capitular y la biblioteca. Este último el lugar más importante para los monjes, ya que es donde pasarían el mayor tiempo. Debido a la importancia de la habitación contaba con una antigua calefacción y hasta una canaleta con agua, la que era traída por la rueda. Un techo pintado (el único del monasterio) de rojo, para dar sensación de calidez a la sala.

Como último punto llegaríamos al comedor, antes de entrar a él una gran fuente para la higiene de los monjes. Después del lavado observaban una mano en el techo representando a la de Dios con dirección al comedor, rezando la frase de “que aproveche” en latín.

Una vez adentro apreciamos un precioso conjunto de escaleras, las que conducían a un púlpito. Ellas reinaban la vista de esta sala. Allí es donde realizaba los rezos un monje, mientras los demás degustaban una de sus dos comidas del día.

Terminando la visita en el interior salimos a observar el exterior del monasterio.

Entramos en una pequeña caseta, allí se albergaba la bodega y más tarde veríamos la gigantesca rueda que da nombre al monasterio daríamos por finalizada la excursión del día. 

Sin duda una aprovechable jornada, observando el gran patrimonio con el que cuenta Aragón, aunque muchos no lo quieran ver. Nos dejamos interesantes visitas por la zona, como los conjuntos arqueológicos ibero-romanos en Azaila y Velilla de Ebro. Así que si tenéis tiempo aún quedan muchos más lugares de interés. Nosotros seguro que volvemos.

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