Nos despedimos del desierto del Namib, tras 6 días de sur a norte tocaba decir adiós a este increíble paraje. Tendríamos desde Swakopmund 5 horas de camino hasta Khorixas.

Realmente hay una hora menos de trayecto, pero hoy había en la ruta algo muy interesante, el Parque Nacional Spitzkoppe.

Nos adentramos en Damaraland, antiguo bantustán (región tribal apartada del resto) creado por el gobierno de Sudáfrica, en el apartheid. Se abolió este territorio en 1989. Hoy forma parte de las regiones de Kunene y Erongo. Zona y etnia muy auténtica aunque es de las más pobres de Namibia. Tienen sus propias costumbres, descendientes de la tribu bosquimana con su propio idioma damara todavía presente. Curioso idioma cuanto menos, tiene 5 tips en el lenguaje que se nos hizo imposible pronunciar. Uno de ellos era parecido a los  del típico pastor llamando a las ovejas.

Las vistas antes de llegar al parque cada vez toman un color más bonito, conjunto de montañas muy antiguas que datan de más de 700 millones de años. Aunque no es la montaña más alta de Namibia si es sin duda la más famosa. Con 1728 metros de altitud es también un buen lugar para los amantes de la escalada.

LLegando a Spitzkoppe

Poco antes de llegar vemos a muchos niños en carretera intentando vender unos colgantes. Otra de estas ocasiones en que damos gracias por nacer donde hemos nacido, da mucha pena verlos descalzos en medio de la nada.

Entramos al parque previo pago de 170 dólares namibios (75 por persona y 20 por el vehículo). Nos dan un plano con los lugares de interés y nos explican que hay dos puntos marcados que contienen pinturas rupestres. En ellos hay guías que te las enseñan pero hay que pagar aparte de la entrada.

Empezamos a desviarnos a la zona oeste, aquí tenemos lo más interesante del parque. Aquí es donde se encuentra el arco The Bridge y la montaña Spitzkoppe que da nombre a este entorno. Realmente es un paisaje que impresiona, parece que estés en la prehistoria y vayas a encontrar algún mamut. No te cansas de observar el color anaranjado de sus piedras. Después de una vuelta de reconocimiento del lugar paramos en un conjunto de piedras que formaban un conjunto de película. Trepamos por ellas y conseguimos unas buenas fotos, hasta un pequeño kudu estaba no muy lejos posando para nosotros subido a una roca. Todo hay que decirlo, las fotos no hacen justicia al lugar, ya que en directo impresiona más. Cuando llegué a casa y recopilé todas las imágenes fue el lugar que menos justicia le hacían las fotos.

Tras disfrutar de las vistas, en el que volvimos a sentir la sensación de no querer marchar, nos dirigimos a uno de sus más conocidos puntos, The Bridge. Aunque parecía que estábamos solos allí nos encontramos a bastante gente. Era un grupo de namibios que habían salido de fin de semana, el gobierno estaba regalando bonos de viaje para que sus propios habitantes conocieran su propio país y además así ayudarían a reflotar el turismo después de la pandemia.

The Bridge.

Se accede fácil con el vehículo, aunque hay que ir con el calzado adecuado ya que para subir hasta arriba hay una pequeña pendiente de piedra que resbala según como pises. Aunque fue en el punto donde más gente teníamos, se ofrecieron a hacernos fotos desde abajo, la población namibia como casi siempre muy amable.

La siguiente sorpresa llegar a una piscina natural. Aunque en el plano no estaba muy claro un coche parado en la zona nos dio una pista. Volvemos a subir una alta piedra pero accesible  y allí encontramos otra maravilla. En ninguna guía ni blog de viaje mencionaban este lugar, por lo que fue una grata sorpresa. Podías moverte 360 grados y las vistas eran alucinantes desde todos los puntos. Si me tengo que quedar con alguna de ellas es sin duda el estar dentro del agua y observar de frente la montaña Spitzkoppe.

Tan increíble nos pareció el lugar que baje del nuevo al coche que cogí bebidas y comida para hacernos un pic-nic en este paraíso natural. Lamentamos no haber podido contar con más tiempo, ya que aquí sería idóneo disfrutar del día entero.

Spitzkoppe pool
Piscina natural

Tras unos momentos inolvidables, en el que te olvidas de todo y sientes una paz tremenda, nos fuimos hacia el lado este. Aquí hay tramos bastante complicados para conducir y tampoco vimos nada interesante, es más, las vistas ya no eran como las anteriores. Decidimos llegar al punto marcado y preguntar al guía por las pinturas rupestres. 

El pobre hombre estaba sólo, debajo de una caseta con una botella de agua. Le preguntamos si merecía la pena recorrer este punto. Fue muy legal, nos dijo que había que subir un poco y era duro, pero que arriba teníamos buenas vistas y unas pinturas rupestres. También comenta que el precio por esta visita anteriormente era 60 dólares namibios por persona, pero ahora lo habían dejado en la voluntad. 

Subimos por una roca enorme que era una pared, unos 5 minutos de subida y ya podíamos ver que lo que había prometido era verdad, bonitas vistas panorámicas del Damaraland. Tenemos en lo alto más rocas que presentan formas según tu imaginación, una de ellas podía ser la Copa del Mundo de fútbol. Lo que nos sirvió para familiarizarnos con el guía y hablar algo del mundo del balón, no están muy al día pero si que recuerdan el mundial de España cerca de sus tierras.

Aquí llegamos a las pinturas, habíamos leído que hubo en tiempos actos vandálicos y apenas se podían distinguir, pero aún hay unas pocas que se dejan ver bien. Nos recrea este momento con historias prehistóricas de los bosquimanos, como cazaban, como vivían en esta zona en la que no estaba tan seca como hoy vemos. Una pena que no se cuidara el lugar, ya que seguro que tendríamos algo parecido a Altamira.

Spitzkoppe pinturas
Aún se distinguen algunas pinturas de los Bosquimanos

Más tarde nos intenta enseñar a hablar la lengua damara y nos enseña sus 5 tips, realmente difícil el pronunciar estas onomatopeyas. Tras un momento interesante y divertido nos despedimos del guía y le dejamos 150 dólares namibios (unos 8 euros) un poco más de lo que nos dejó entrever anteriormente, nos dio algo de lástima porque lo más probable es que hayamos sido si única visita del día.

A nuestro pesar nos marchamos del lugar, no queríamos llegar en el anochecer a Khorixas, apuramos hasta las 15;30 y todavía había algo más de 3 horas de camino. Casi con los últimos rayos llegamos a destino. Mañana tendríamos la segunda parte de esta región tan auténtica.

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