Se acercó mi cumpleaños y llegó un regalo inesperado. Siempre había dicho, “Algún día quiero tirarme en paracaídas”. Dicho y hecho, ese año tocó celebrarlo con esta increíble aventura.

Una cosa es pensarlo, y decir ¡lo haría!. Pero una vez allí reconozco que me empezó a entrar algo de canguelo. Fue un regalo de Ljuby, pero también ella se sumó a la fiesta, así que los dos nos lanzamos a volar.

Lo hicimos en Saltamos Village de Barcelona, para más información diré que están en Sant Fruitós de Bages. Nosotros aprovechamos el finde y nos quedamos por la zona, visitando Manresa por la tarde y caminando por las montañas de Montserrat el domingo.

Mi instructor fue Nil, me relajó mucho sus palabras antes de tomar la avioneta y estuvimos conversando un poquito.

Preparados antes de volar

Nos subimos a la avioneta Ljuby y yo con otra pareja. Comenzamos a volar y tomar altura. Mira que hemos montado muchas veces en avión, pero ahora empiezo a sentir mucho los nervios. Cuando ves que estás ya muy arriba y te comentan que ya estamos a dos mil metros. ¿Cómo? ¿Aún quedan dos mil más?. Respondo no vamos a ver el suelo desde tan arriba. Ljuby que muy animada estaba y riendo también le cambia la cara, la verdad que acojona. En un avión viajando no nos dicen de tirarnos al vacío.

Pronto cambiarán esas caritas

Llegamos a cuatro mil metros de altura y abren las ventanas de la avioneta. Es septiembre, pero nos entra un frío acojonante. Ahora ya sí que me tiembla todo. Empiezan a lanzarse todos los instructores con los aventureros. Los veo desaparecer en ráfagas de segundo. Me dejan a mí para el final.

Cuando Nil se coloca en el borde para lanzarse cierro los ojos. Madre mía que miedo. Llega el momento y del susto me agarro a los tirantes que nos sujetaban a ambos. Es una sensación inexplicable, un subidón brutal.

Momento del salto

Ya bajando el susto se pasa, una velocidad brutal y con el aire pegando en tu cara, gritas y no deseas que pare. Todo lo vivido atrás se queda en el recuerdo y este momento merece la pena. Nil se pone a tirar fotos y yo me pongo a hacer el tonto, sacando la lengua, gritando y haciendo los cuernos. Me salió la vena heavy de antaño lo reconozco.

A la velocidad de la luz

Se hace muy corto este momento y el paracaídas se abre, ves que aún así sigues muy alto y sigue siendo una sensación alucinante. Eso de ver el mundo desde lo alto, ser tú mismo el que está arriba y descender es una pasada. Mirar al horizonte y fijarte en las nubes, montañas, si alguna vez has soñado con ser un pájaro este es tu momento.

Misión cumplida

Con el paracaídas abierto damos unas cuantas piruetas, y me mareo un poquito, me dijo Nil de que lo llevara yo. Le comenté que mejor no, que la cabeza me estaba dando vueltas, tanto que cuando aterrizo en el suelo, me dicen que me parezco a un fantasma o a Iniesta. Ljuby ha llegado antes que yo y también está emocionada.

Una aventura distinta. No sé si volveré a lanzarme de nuevo, lo más seguro que sí, pero totalmente es lo recomiendo si os van las sensaciones fuertes

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.