Cuando uno recorre mundo siempre se queda con recuerdos inolvidables. En ocasiones hay unos pocos que te dejan huella para siempre. Uno de ellos sin duda fue el viaje que realizamos hasta Uyuni.

Llegamos a la noche desde Potosí tras 4 horas de autobús. En ese tiempo realizamos muchas fotos por la ventanilla, el paisaje nos iba enamorando. Estuvimos mucho tiempo ya que paramos mucho para recoger, bajar gente. Hasta hubo un momento para incrédulos, nos llegó una llama a echar una carrera, aún estuvo rato insistiendo en ganar al autobús. Esperamos que el siguiente que pasara se le diera mejor.

Nada aburrido el camino

En Uyuni no hay mucho que contar. A pesar de que el pueblo ha mejorado con los años, no es muy atractivo, cuenta además con muchos perros callejeros. Nos alojamos dos noches en los Jardines de Uyuni, una nada más llegar y la otra 2 noches más tarde después de hacer el Tour. Al estar cerca de un atractivo turístico tan grande cuenta con muchos establecimientos. Estuvimos dando una vuelta después de dejar las maletas y entramos al Whipala Pub a cenar. Elegimos dos pizzas una Criolla y otra de tocino, más una sopa de Quinoa, después de una “corta” espera (¡¡1h30!!) nos sirvieron. Si estáis interesados en degustar la variada comida boliviana en esta página que nosotros mismos escribimos tenéis más información.

Día 1. Salar de Uyuni e Isla Incahuasi

Ya a la mañana siguiente desayunamos en el bar de al lado del hotel, no fue el mejor de nuestra vida. Dejamos una cuanta de ropa en una lavandería, la que recogeríamos a la vuelta, y nos preparamos para el viaje. Imprescindible reservar excursión con guía, hay muchísimas agencias allí y diferentes opciones, nosotros hicimos esta, con salida y regreso en Uyuni. Hay otras que en el tercer día te llevan al desierto de Atacama en Chile, todo es como te lo quieras planear.

Nuestro guía Abraham fue nuestro acompañante durante estos 3 días. Un lujo, atento y que nos llevó a más lugares de los que en principio estaban marcados. A nosotros 4 se nos unió una chica italiana, Annalisa que estaba recorriendo el país sola con su mochila.

No fue la primera parada muy larga en distancia, a apenas 10 minutos en coche se encuentra el Cementerio de Trenes. Nos remontamos al siglo XIX donde la minería en esta zona estaba en plena ebullición. Sobre todo por los importantes yacimientos de plata que se descubrieron. Se construyó una línea de ferrocarril, la que comunicaba Uyuni con Antofagasta (ahora chilena), donde se trasladaba plata, oro y estaño. Ya en el siglo XX el valor de la plata llego a mínimos. A eso, unido a la pérdida en la Guerra del Pacífico de la porción de mar que tenía Bolivia, hizo que estallará la crisis.

Cementerio de trenes
Cementerio de trenes

Las máquinas que llegaban para reparar a la estación de Uyuni jamás volvieron a arrancar, deslizarse por las vías o desprender vapor. A día de hoy el óxido y los grafitis decoran estas piezas que años atrás eran la gran esperanza del país.

En nuestra llegada reinaba el caos de alboroto, un grupo enorme de coreanos con 20 Jeeps que contaban hasta con un dron. Era imposible poder contemplar las máquinas y una vez marcharon ya pudimos disfrutar más tranquilos del lugar, haciendo muchas fotos. Sorprendentemente no es un museo oficial, cuenta con más de 100 locomotoras y vagones repartidos por el terreno. Una curiosidad de este lugar es que fue escenario de un videojuego, el Ghost Recon Wildlands.

Una vez realizado muchas tomas desde diferentes lugares nos adentramos ya en el Salar de Uyuni. Es el desierto de sal más grande del mundo, cuenta con una extensión de 10582 km2. Tan amplio que puede verse desde el espacio. Hicimos una parada en el pueblo de Colchani, donde está lleno de puestos con artesanía y figuras de sal. Allí mismo visitamos un pequeño taller, regentado por el Sr Juanito, donde nos enseñó en que consistía el proceso y empaquetamiento de sal. Al salir curioseamos los tenderetes locales, comprando algún souvenir además de cerveza de coca. En uno de esos puestos se encontraba una llama bebé, la cual se nos quería beber la cerveza.

Llama Baby
Llama alcohólica

Acabada la zona de mercadillo ahora si que nos adentramos con el Jeep hacia las profundidades del Salar. Por un momento te encuentras rodeado de un mar de sal, sin ver nada más en el horizonte. Aquí es uno de los puntos que jamás se me olvidará en la vida, realizando cientos de fotos, en el que no hubieras marchado. Eso que tuvimos mala suerte, apenas en nuestra llegada se apreciaba el famoso efecto espejo y en pocos puntos lo conseguimos, y no al 100 %. Aquí fue cuando Abraham nos dijo: “es el mejor lugar y la mejor hora para comer”, así que montamos el restaurante móvil en medio del salar. Una mesa, unas sillas una rica comida cocinada por la mujer de Abraham, ensalada, filete de llama y quinoa que aún estaba caliente. Creo que en pocos lugares tendré unas vistas iguales a la hora de comer.

Más adelante paramos en el Hotel de Sal Playa Blanca, el más antiguo de la zona. Su interior, cubierto con bloques y ladrillos de sal, unido al monumento del Dakar o el gran número de banderas de países y comunidades allí plantadas, hacen de él que sea el más conocido de la zona.

Dakar Bolivia
Monumento al Dakar

La última visita del día llegó en la Isla Incahuasi, en quechua, que significa el hogar del inca. Este lugar sorprende al llegar, ¿Cómo puede ser? una isla de cactus rodeada de un mar de sal. Aunque al principio no lo parecía es bastante grande, en la que caminamos durante una hora haciéndonos fotos con cada cactus. Muchos de ellos milenarios, alguno de ellos se ha llegado a datar con más de 1200 años. Arriba de la isla tenemos unas privilegiadas vistas de 360 grados de todo el salar, viendo como el color blanco de sal teñía todo el paisaje, podría engañarte con las fotos y decirte que eran las vistas de la Antártida o el Polo Norte.

Isla incahuasi
Isla Incahuasi

Ya atardeciendo el color del Salar se teñía a rosado, un día en el que el paisaje no me dejó de sorprender en toda la jornada. Ya de noche llegamos a Villa Candelaria, donde se encontraba nuestro Hostal de sal Samarikuna. Muy bonito y cuidado, sencillo pero con todo lo necesario para pasar una noche. Nos recibieron con un mate de coca calentito, aquí ya en la noche hace mucho frío. Más tarde nos sirvieron una cena que constó de sopa calentita y milanesa con patatas fritas. Una ducha y aún nos quedaba la última sorpresa, el anochecer de Uyuni. Creo que no había visto uno igual desde que estuve en el Sahara, millones de estrellas brillando y respirando tranquilidad, si no llega a ser por el frío igual nos hubiéramos dormido allí mismo. A dormir bien abrazaditos soñando con las vistas que nos dejó la excursión de hoy.

Atardecer uyuni
Increíble atardecer

Día 2. Lagunas, volcanes, Reserva Nacional Eduardo Avaroa y desierto Sisoli

Tocaba buen madrugón hoy. A las 6:00 nos despertamos y desayunamos unos panqueques muy ricos. Hay mucha gente que se equivoca visitando tan sólo el Salar de Uyuni, estos dos días que teníamos después eran también muy llenos de coloridos paisajes.

Cruzamos el Salar de Chiguana siguiendo las vías del tren, parecía que el mundo se había acabado y solamente quedábamos nosotros en la Tierra. Tuvimos que decirle a Abraham que parara un momento para tomar estas capturas, ya que no tenían nada que envidiar al día anterior. Nos dirigimos al volcán Ollagüe, situado en la frontera entre Chile y Bolivia.

Fin del mundo
En el fin del mundo

Un poco antes, cruzando la frontera chilena hicimos una parada en una feria artesanal con muchos y variados productos, contaba con gente de ambos países, digamos que era “tierra de nadie”.

Después de esta interesante parada ya estábamos en el mirador del volcán Ollagüe, en el lado boliviano de nuevo. Cuenta con un cráter de 1250 metros, para ascender a él hay que subir 5500 metros y hacerlo por el lado chileno, comentan que hay ruinas de campamentos azufreros. Nosotros evidentemente no hicimos tal locura y pudimos observar desde allí las fumarolas, cuenta con dos, la principal que mide 100 metros y se encuentra en el lado oeste. La otra está en la cima del volcán pero no se aprecia, se tendría que observar desde el aire.

volcán Ollagüe
Volcán Ollagüe

Dejando atrás el volcán nos dirigimos a la primera laguna de hoy, la Laguna Cañapa. Todas las que íbamos a visitar están a más de 4100 metros de altura, ahí es nada. Ahí volvimos a montar la mesa y degustamos arroz, carne y ensalada con un documental de Tv en vivo. Vistas de la laguna, con un desértico paisaje alrededor, observando flamencos, llamas, vicuñas y alguna vizcacha.

Laguna cañapa
Laguna Cañapa

Recogido todo el tenderete marchamos a laguna Hedionda, cuenta con 4,5 kilómetros cuadrados. Con ese nombre nos podíamos imaginar que apestaría, pero no era para tanto. Ese olor que desprende es debido al azufre quemado, ya que es zona volcánica. Allí pasamos por un Eco Hotel que contaba con dibujos de Mamani Mamani, también con un diminuto campo de fútbol. Desde el coche seguimos viendo más lagunas de pasada, Chiarkota, Honda y Ramaditas. Todas ellas son parecidas, contando como huéspedes en todas ellas con los flamencos.

Mamani mamani
Dibujos de Mamani Mamani

Cruzamos el desierto de Siloli, aquí hay unas vistas que siempre quedarán en mi recuerdo. Es muy complicado describir con palabras lo que se siente aquí. Incluso vimos un zorro. Rodeado de un inmenso desierto, sin apenas vegetación con la inmensa montaña de fondo nos encontramos con el árbol de piedra. Ha sido declarado monumento nacional, es una formación rocosa que debido al capricho del viento cuenta con una variación de rocas, de diferentes figuras en medio de un arenal. Dándole una forma de árbol que deja una imagen preciosa en medio del desierto.

Arbol de piedra Bolivia
Árbol de piedra

Atravesando el desierto con el 4×4 cual documental de National Geographic, llegamos al peaje de la Reserva Andina “Eduardo Avaroa” (El área protegida más visitada de Bolivia). Una anécdota que tuvimos, te sellaban si querías el pasaporte con el sello del parque. Evidentemente lo hicimos y contamos en este documento con el recuerdo de esta visita.

Una vez allí llegamos a la laguna colorada. Como su nombre indica cuenta con aguas de color rojizo, es debido a la pigmentación del plancton que vive en la laguna. Miles de flamencos habitando el lugar y como en toda visita que llevábamos esta jornada, unas magníficas vistas. Una curiosidad de esta laguna, participó en la selección de las Siete maravillas naturales del mundo, aunque no llegó a entrar.

Laguna colorada
Laguna colorada

Más tarde llegaríamos a la población de Huayllajara, nuestro lugar donde pasaremos la noche. Es un mini-pueblo construido para que los visitantes de este Tour hagamos noche. Muchos albergues para dormir, con lo básico para estar un día o alguno más. El nuestro fue el Hostal San Marcelo, contaba con generadores de luz los cuales tenían horario de mañana. Imaginaros el frío que pasamos por la noche, estando a tanta altitud, menos mal que me acompañaba mi pareja, bien abrigados y con calor humano todo pasó.

Una de las tiendas

Tomamos a la llegada un mate y más tarde dimos un paseo por la zona, algún puesto de comida y también ¡Un bar!. Tenía mesa de ping-pong, futbolín y billar, una radio conectada a un generador de luz nos ofrecía música también. Después de jugar un poco, tomar una cerveza y bailar nos retiramos al hospedaje, un cena de pasta con una rica salsa y a dormir. Mañana nos levantamos a las ¡4 Am! para nuestras últimas visitas y regresar a Uyuni.

Jugándonos las cervezas

Día 3. Fumarolas, aguas termales y Valle de las Rocas

Hoy tocaba salir a las 5 AM de Huayllajara, por lo que despertamos a las 4:30. Tenemos casi 6 horas de coche hasta Uyuni, por lo que sumado a las paradas que haremos era la mejor opción.

Llegamos en el camino a Sol de Mañana, nuestro punto más alto en la visita al país. Estamos a casi 5 mil metros, a mí la cabeza me da un poco de vueltas y algo mareado consigo ver las fumarolas que había en el lugar. Unos 2 km² de extensión en esta activa zona volcánica, emite vapores que llegan a alcanzar los 50 metros. A pesar del mareo que arrastraba eran unas buenas vistas mientras el sol empezaba a despertar, aunque los olores no eran muy agradables.

Fumarolas Bolivia
Fumarolas al amanecer

La ruta sigue y cruzamos ahora el desierto de Dalí, curiosamente el pintor español jamás supo de este sitio. Su nombre es originario por los paisajes que allí vemos, similares a las pinturas del catalán. Cuenta con una superficie de 110 km². Cruzado el desierto nos dirigimos a la laguna verde.

Laguna verde Bolivia
Laguna verde

Otro espectáculo para los ojos, esta vez como su nombre indica con el agua verdosa. Un encuadre con una montaña de fondo en medio del desierto, con el volcán Licancabur (5916 m). No parábamos de sorprendernos hasta el último día. Debido a las algas que allí habitan tiene un color verde, pero conforme el clima va cambiando puede pasar a gris o incluso amarillo en épocas de sequía. Cuentan que habitan pumas por la zona, afortunadamente no vimos ninguno.

Desierto de Dalí
Desierto de Dalí

Ahora la visita nos lleva hasta Polques, donde se encuentran sus aguas termales. Aquí es donde más gente vemos en este Tour (a excepción del primero), unas magníficas termas al aire libre con unas vistas de fotografía. Lo malo fue cambiarse de ropa allí mismo, ya que hacía muchísimo frío, pero una vez adentro…. buf, que calentito y que rico se estaba. Perdimos la noción de cuanto tiempo estaríamos ahí dentro, sólo pensábamos lo duro que iba a ser salir. Este agua es beneficiosa para curar enfermedades como la artritis, cuentan con una temperatura ente 25 y 32 grados.

Aguas termales
Aguas termales

Ya una vez que conseguimos salir de nuestra piscina, con la piel arrugada nos ponemos rumbo a Villa Mar, un largo camino hasta allí sin ninguna parada. En el camino no pararíamos de observar llamas y vicuñas, pero la sorpresa fue que encontramos también ¡Avestruces! Allí comeríamos para más tarde seguir el que sería el final de la ruta.

Nos detenemos en una de las pocas paradas que haríamos hoy en el Valle de las Rocas, un magnífico enclave de figuras de piedra que se posicionan en el lugar. Asemejado salvando las distancias, a la ciudad encantada de los alrededores de Cuenca. Puedes imaginar diferentes formas de cada una de las rocas que vas viendo, sin duda nos quedamos con la roca que parece que va a despeñarse hacia un lado, ya que solo posa una pequeña parte de sujeción.

Valle de las rocas
Valle de las Rocas

Otro camino largo camino hasta San Cristóbal, nuestra última parada. Un pueblo minero que fue trasladado desde la montaña. Una vez allí estiramos las piernas, visitamos la Iglesia y aprovechamos a comprar un tentempié antes de ponernos de nuevo camino a Uyuni.

Ya llegados a Uyuni, acudimos al mismo hotel de hace 3 días, los jardines de Uyuni. Aprovechamos antes a recoger la ropa que dejamos en la lavandería. Ya una vez en el hotel nos dimos un merecido baño en la piscina climatizada, también disfrutamos de su sauna, pequeños placeres del viaje después de haber pasado frío. En la noche un recorrido por el pueblo parando a cenar en el Restaurante Boca Grande. Más rápido que el anterior en Uyuni, un mega pique macho, chorrellana y Pizza para compartir fue nuestra cena.

3 días intensos, creo que hasta ese momento ha sido la mejor excursión que he hecho en mi vida, tocaba ir a dormir, mañana tomamos un avión rumbo a La Paz para disfrutar de nuestros últimos días en el país andino.

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