Tras haber pasado 18 días en Namibia tocaba cambiar de aires y cruzar la frontera de Botsuana. Dormimos cerca de Buitepos, al lado de la frontera, por lo que a las 7 de la mañana estábamos cruzando el Checkpoint. Unas cuantas gestiones en 3 ventanillas diferentes, la última pagando una tasa de circulación por el vehículo, una vez hechos todos los trámites pudimos poner rumbo a Maun. 

Unas cinco horas de camino para poder tomar la avioneta que nos llevará al Delta del Okavango. La carretera se encontraba en buen estado hasta que nos quedaban 100 kilómetros para llegar, con unos grandes agujeros en el asfalto que nos podían haber reventado alguna rueda. Tras 18 días sin pinchazos malo hubiera sido tener que pinchar el último día, además teníamos que llegar a una hora determinada

Esta fue la parte más costosa económicamente del viaje, pero también la que más disfrutamos. Un paraíso, así lo definimos, que nos emocionó mucho y nos dejará recuerdos imborrables.

Tomamos la avioneta y el vuelo fue muy rápido, en unos 20 minutos estaríamos en tierra. En el vuelo algo de mareo, ya que tanto observar el precioso paisaje y además realizando fotos casi me hace vomitar. Allí nos estaba esperando Stanley, nuestro guía para estos dos días, con el que haríamos 4 safaris.

El lugar de hospedaje fue Moremi Crossing, la mayoría debido a la pandemia y ser temporada baja se encontraban cerrados. Aún estando abierto fuimos sus únicos huéspedes. Parte buena ya que fue un trato exclusivo, pero la mala es que daba pena que no pudiéramos compartir el viaje con nadie más. Es un lodge con todas las comodidades, excepto porque no hay internet, pero estando aquí ¿Quién lo necesita?. 

Una cabaña preciosa con una ducha al aire libre, a orillas del Okavango, como si estuviéramos en un sueño. Al dejar los bártulos ya nos estaban esperando con un aperitivo, según ellos, porque había comida para un campamento. Comíamos siempre con casi todo el staff y fue genial, así daba la sensación de que no estábamos solos. Hablamos de muchas cosas, sobretodo les gustaba la selección española. Nos llamó la atención sus horarios de trabajo, ya que por motivos logísticos tenían que vivir allí y trabajaban un tiempo largo y luego se iban a su casa (casi todos a Maun) en sus días libres.

La segunda noche nos prepararon una cena romántica de luna de miel con champán y un bonito detalle, una carta repleta de buenos deseos entre ellos la felicidad en nuestra vida. Con cosas como estas ¿Cómo íbamos a querer irnos? Además la comida estuvo deliciosa, en el que también aprendimos un plato tradicional de la cocina sudafricana, bobotie, que ya se ha unido a nuestros menús.

Esta fue la parte de estancia, la de safaris fue lo mejor del viaje. Mezclando paseos en barca y a pie. Una tarde también hicimos un circuito en mokoro, una especie de góndola tradicional, se impulsa a través de un palo haciéndolo llegar al suelo.

Nuestro primer recorrido en barca al atardecer nos recibió con una enorme cantidad de elefantes dándose un festín de comida en la orilla. Te podías acercar casi hasta tocarlos y apenas se inmutaban, no te cansarías de mirarlos porque son alucinantes. También en la zona de tierra veíamos babuinos, jirafas, impalas en el agua cocodrilos, hipopótamos o en el aire grandes aves, reinando el águila.

Los recorridos en barca eran preciosos, te sentías en directo viviendo tu propio documental. También cuando aparcábamos la barca y nos adentrábamos en la zona de tierra era una maravilla. Se nos resistieron los leones, pero conseguimos ver búfalos y un leopardo, los 2 animales de los big 5 que nos faltaban.

Nuestros dos anocheceres fueron repletos de estrellas, un gran hilo blanco se hacía visible entre la oscuridad. Mientras las mirabas escuchabas el rugido de un león o el chapoteo de un hipopótamo gritando su “jou, jou, jou”. Con este juego de luz y sonido nos dormíamos, dando gracias por haber sido tan privilegiados de haber visitado este increíble lugar. Aunque sea algo caro, si planeas un viaje a esta zona no te de rabia gastar el dinero, pocas cosas encontrarás en el mundo que te hagan más feliz. 

El último día después del safari de mañana y la comida dejamos este lugar para ir a Chobe, cuando la avioneta despegó de Moremi, Stanley se encontraba dando saltos diciéndonos adiós y una pequeña lágrima se nos cayó. Mire a Ljuby y le dije, ¿en nuestras bodas de plata volveremos? Y me respondió “25 años son muchos, mejor volvemos antes”, así que ojalá lo podamos hacer otra vez.

Si queréis disfrutar de vídeos e imágenes del viaje os dejamos nuestro vídeo de Youtube, os quedaréis sin palabras.

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